Gustavo Faverón Patriau

«LOS LIBROS NO MATAN A NADIE»
Por Gabriel Ruiz-Ortega, Literaturas
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Gustavo Faverón Patriau obtuvo su doctorado en literatura hispana en Cornell University, con una segunda especialidad en literaturas comparadas. Es catedrático en el prestigioso Bowdoin College, en Maine, y editor de la revista Dissidences: Hispanic Journal of Theory and Criticism. Administra el concurrido blog Puente Aéreo. En España, la editorial Tecnos acaba de publicar su libro Rebeldes: Sublevaciones indígenas y naciones emergentes en Hispanoamérica en el siglo XVIII. En esta entrevista hablamos de la antología que él acaba de editar y prologar en el Perú: Toda la sangre. Antología de cuentos peruanos sobre la violencia política (Matalamanga, 2006).

Gabriel Ruiz-Ortega- Gustavo, ¿cómo nació la idea de realizar esta antología?

Gustavo Faverón Patriau- La idea no fue mía. En mi blog había hecho algunos comentarios sobre las novelas de Alonso Cueto y Santiago Roncagliolo y acerca de cuánto habían escrito los escritores peruanos sobre el tema de la violencia política. Los lectores del blog me hicieron llegar datos de fechas y de otras publicaciones. En esa época me interesó no tanto hacer una antología sino escribir algún ensayo acerca del tema. Entonces Ezio Neyra tuvo la idea de hacer una antología. Él había leído la antología del profesor Mark Cox y tenía la misma impresión que había tenido yo sobre su parcialidad. La idea editorial del proyecto fue de Ezio; me la propuso porque sabía que yo estaba tocando el tema en mi blog.

Gabriel Ruiz-Ortega- ¿Y cuánto tiempo te tomó?

Gustavo Faverón Patriau- Cuando Ezio me contactó yo estaba de visita en Lima. Pude comprar muchos de los libros aquí y llevármelos a Estados Unidos. El resto es muy fácil: las bibliotecas norteamericanas son muy grandes, tienes todo a la mano. Fueron unos cinco o seis meses en los que leí los cuentos y busqué otros que habían sido publicados en revistas perdidas, difíciles de ubicar, anotando y seleccionando los relatos que me parecían más interesantes.

Gabriel Ruiz-Ortega- ¿Cuán lejos o cerca estamos de la posibilidad de volver a repetir en el futuro la violencia política que nos tocó vivir como país?

Gustavo Faverón Patriau- Eso va más allá de la literatura y tiene que ver más con las opciones políticas que los peruanos estamos eligiendo en tiempos recientes. Por ejemplo: regresar al Apra, poner a Alan García como presidente, a Giampietri como vicepresidente, es como decir que no ha ocurrido nada. Si niegas el pasado estás ante un problema, porque lo más probable es que las cosas vuelvan a ocurrir. A nivel de desigualdades sociales estamos exactamente igual que hace veinticinco años, e imagino que si no hay Sendero Luminoso en este momento es únicamente porque  lo hubo hace veinticinco años.

Gabriel Ruiz-Ortega- ¿Consideras que hubo una oposición entre el bien y el mal en esos años de violencia política?

Gustavo Faverón Patriau- No hubo una oposición entre el bien y el mal, claro que no. Lo que hubo es un discurso que apelaba a la oposición entre el bien y el mal. El discurso fundamentalista de Sendero Luminoso, que se ponía a sí mismo como el llamado a destruir el mal absoluto (que es lo que hacen todos los fundamentalismos). Y la respuesta del Estado no se planteó en términos distintos, sino en términos proporcionales y especulares: “Sendero Luminoso representa al mal absoluto y hay que destruirlo por completo”. Al final, fue una guerra entre un fundamentalismo fascista de izquierda y un Estado que replicó el fundamentalismo en su respuesta.

Gabriel Ruiz-Ortega- El fundamentalismo senderista se deja notar en el cuento Cirila, de Carlos Thorne, en el que la protagonista es obligada a rezarle al presidente Gonzalo. ¿Cuál fue el móvil que llevó a algunos escritores a abrigar una actitud supuestamente reivindicativa, la misma que tenía bases alejadas de asidero intelectual alguno?

Gustavo Faverón Patriau- Por supuesto, Thorne critica ese fundamentalismo… Cierta gente tenía un compromiso con la idea de la revolución, un compromiso anterior a Sendero Luminoso. Imagino que es una situación difícil para alguien que pregona la idea de revolución durante años encontrarse con que el que asume el proyecto lo hace de una manera tan radical, tan violenta y tan destructiva contra las mayorías campesinas. Yo entiendo que alguien que fuera de izquierda radical pero no violentista, no tenía por qué renunciar a sus ideas sólo porque existían otras personas con quienes podía ser confundido. En términos ideológicos yo entiendo perfectamente que haya gente que siga abrazando una idea de revolución y el hecho de que haya habido un intento tan desgarrado y salvaje no tiene por qué hacer que abandonen sus ideas. Además, acuérdate de que Sendero Luminoso fue un movimiento de intelectuales generado entre profesores universitarios y estudiantes. Y se extendió a través de profesores de colegio y estudiantes de colegio en Ayacucho.

Gabriel Ruiz-Ortega-¿Los mitos andinos como el Inkarri y el Pachacuti influyeron en el discurso senderista?

Gustavo Faverón Patriau- Los ideólogos senderistas no tuvieron en cuenta la cultura andina para formar su propio discurso, pero el hecho de que existieran ciertos mitos relacionados con la idea del cambio radical, destrucción total, mundo boca arriba, con la idea de destruir un periodo histórico para empezar uno nuevo, que son mitos que existen en los Andes, hicieron que un discurso como el de Sendero pudiera ser percibido como no atrabiliario. No es que Sendero lo haya preparado, es que esos mitos preexistían.

Gabriel Ruiz-Ortega-¿Cuál crees que haya sido la razón que generó una reacción inmediata en los escritores de izquierda al abordar literariamente esos años de violencia?

Gustavo Faverón Patriau- Hay una especie de sentido de la urgencia en los escritores izquierda en establecer su relación política e ideológica con Sendero Luminoso y con todo el fenómeno. Sendero Luminoso, al radicalizar ideas que eran parte de un sector de la izquierda mucho más amplio, forzó a la gente de izquierda a tomar una decisión, a plantearse una especie de deslinde: ¿dónde estoy yo? Las respuestas fueron a veces mucho más cercanas de lo que uno imagina; hubo gente que quedó fuera de Sendero Luminoso pero que tuvo un grado de inclinación ideológica a favor de lo que planteaba Sendero y un cierto grado de distancia que es consecuencia básicamente de los crímenes de Sendero.

Gabriel Ruiz-Ortega-¿El punto más fuerte de Toda la sangre?

Gustavo Faverón Patriau- La riqueza de la antología es que parte de principios ideológicos muy distintos. Por lo tanto, cubre un gran espectro de la política peruana a través de su literatura. Desde la izquierda más extrema hasta una especie de discurso reconciliatorio de clase media, pero no precisamente conservador, porque dudo que haya habido en la literatura peruana literatura propiamente conservadora acerca del tema.

Gabriel Ruiz-Ortega- ¿Por qué la recurrencia de la construcción del sujeto subversivo en las narraciones de esta antología?

Gustavo Faverón Patriau- Porque es el misterio más grande para la mayoría de  los narradores, y el misterio mayor para mí, también. ¿Qué es lo que tendría que haber pasado en mi propia vida para que yo optara por una solución tan radical y tan violenta y muchas veces tan autodestructiva? ¿Qué pasó en la vidas de los miles que se afiliaron a Sendero Luminoso o el MRTA? El perfil de subversivo siempre va a ser misterioso e intrigante para un escritor.

Gabriel Ruiz-Ortega- Atrayente.

Gustavo Faverón Patriau- Claro, atrayente y repelente al mismo tiempo, imagino, dependiendo de las ideas de cada quien. Eso es lo que lo hace más sustancioso.

Gabriel Ruiz-Ortega- ¿Cómo puede explicarse el caso de Hildebrando Pérez Huarancca?

Gustavo Faverón Patriau- La pregunta de qué pasó con Pérez Huarancca es la misma pregunta de qué pasó con los demás integrantes de Sendero Luminoso, que fue gente como cualquiera que en algún momento fue llevada hacia ciertas respuestas por ciertas pulsiones sociales. El hecho de que él sea escritor no lo hace distinto de los demás que fueron parte de Sendero Luminoso. Pero, de todas maneras, entre todos los escritores antologados, Pérez Huarancca es quien está más lejos de mí, y siempre uno se pregunta cuál fue el proceso atravesado por alguien que dedica el 95 % de su vida a la creación y el último 5 % a la destrucción radical, total. Es imposible desligarte de la idea de que la misma persona que escribió ese cuento dirigió la matanza de Lucanamarca.

Gabriel Ruiz-Ortega- Aún se sigue creyendo que la violencia terrorista se vivió únicamente en las comunidades andinas.

Gustavo Faverón Patriau- Yo jamás voy a entender el discurso según el cual en Lima nunca sucedió nada hasta que pusieron una bomba en Miraflores. Lima es una ciudad de ocho millones de habitantes de los cuales cincuenta mil viven en Miraflores y varios millones viven en Pueblos Jóvenes, en barrios marginales donde Sendero Luminoso estuvo muy presente. Es absurdo decir que tú no te diste cuenta de nada hasta que pusieron la bomba en Miraflores. Hubo líderes sindicales asesinados, personas de movimientos de izquierda que habían deslindado de Sendero y que fueron asesinadas, o movimientos como el de María Elena Moyano que se enfrentó abiertamente con Sendero. Pero también es absurdo decir que la gente de clase media y clase alta no se dio cuenta de nada: cada quien padeció con el terrorismo de maneras distintas. Sendero Luminoso y el MRTA vivían económicamente de los cupos que les pedían a los empresarios, esta gente tuvo que lidiar con Sendero, las bombas personales y los secuestros. El terrorismo fue uno de los factores que influyó en la economía peruana en los años ochenta y noventa, puesto que hizo que desapareciera la clase media capitalina. Ahora, si alguien pasa de ser un empleado de un banco a ser taxista, no puede decirse que esa persona no ha sido afectada. Lima sufrió de muchas maneras distintas, algunas menos crueles y menos cruentas, pero no menos reales.

Gabriel Ruiz-Ortega- Entonces fueron los intelectuales quienes estuvieron más cerca a lo que ocurría en esos años.

Gustavo Faverón Patriau- Mucho más cerca que otras personas. Por ejemplo, cuando Fernando Ampuero escribe El departamento era editor de la revista Caretas, era una persona que tenía los datos de lo que ocurría con Sendero Luminoso a la mano. El departamento está escrito por un periodista y eso tiene que ver con el hecho de que sea el cuento más antiguo que habla de Sendero una vez que este empieza a actuar. Y no habla precisamente de Sendero Luminoso, eso es lo más interesante, sino de la represión estatal. Quizá sea el cuento más antiguo de los que he leído sobre el tema de las violaciones de derechos humanos por parte de las fuerzas del orden.

Gabriel Ruiz-Ortega- Como dijiste hace un rato, piensas seguir en este tópico.

Gustavo Faverón Patriau- Hay tantas ópticas distintas acerca del tema de la violencia social, que creo que vale la pena leerlas todas. El único objetivo de la literatura es ser leída, los libros no matan a nadie, los libros te abren la mente, no importa si son libros que coincidan contigo o no. Por eso es tan terrible cuando uno se entera de cualquier tipo de censura a una obra literaria. La censura no debe existir, aunque implique ser democrático con quienes no han sido democráticos.

Gabriel Ruiz-Ortega- Y en España la editorial Tecnos acaba de publicar Rebeldes: sublevaciones indígenas y naciones emergentes en Hispanoamérica en el siglo XVIII.  ¿Cuál es el tema central de este libro?

Gustavo Faverón Patriau- La forma en que las diversas comunidades indígenas de América Latina, durante el siglo dieciocho, encontraron en los momentos de intranquilidad social, en los momentos de sublevación y rebeldía, nuevas formas de organización interna, y cómo descubrir esas formas de organización nos permite ahora entrever proyectos nacionales o protonacionales indígenas que fueron colapsados en el siglo dieciocho con la independencia criolla.

Gabriel Ruiz-Ortega- Para terminar, y saliéndonos del tema ¿qué opinión tienes de Evo Morales y Hugo Chávez? En ambos presidentes vemos —a su modo— a la violencia como base de sus respectivos discursos.

Gustavo Faverón Patriau- Son dos fenómenos muy distintos, aunque por razones estratégicas ambos se hayan aproximado en tiempos recientes. La violencia en Chávez es un arma efectiva de coacción y amenaza, es el gran argumento, la gran garantía detrás de cada capricho del comandante: es la razón última y el motor de su populismo, en un régimen matonesco como el suyo. Lo que uno puede reconocer como violencia en Evo Morales viene de una trayectoria muy distinta, que sí se vincula, queramos o no aceptarlo, con la justa violencia rebelde de los aymaras desde tiempos coloniales. El asunto es que Evo Morales no busca las reivindicaciones que aquellos buscaron, de modo que esos elementos tradicionales que él esgrime cuando ve la oportunidad son en verdad símbolos que acaban por lucir un tanto huecos.