Gustavo Faverón Patriau

Sobre El Anticuario
Mario Vargas Llosa
(Fragmentos de una carta)


El libro es tantas cosas a la vez—una pesquisa policial, una pesadilla medieval injertada en una ciudad contemporánea del tercer mundo, un palimpsesto de alusiones literarias, bíblicas e históricas, y un museo de horrores, crueldades y descomposiciones físicas y mentales—que al final de la lectura uno queda descontrolado y alucinando. Está muy bien escrito y la prosa tan precisa y neutral es un antídoto contra la confusión que amenaza constantemente al lector que se va hundiendo en ese submundo de delirios, fantasías homicidas y visiones poblado por seres que inspiran miedo y pasmo, aunque, también, a ratos ternura y compasión, como la pequeña y despanzurrada Huk.

Hay sorpresas a cada página (…) y tantas citas furtivas de libros, películas e historias que forman una realidad paralela a la historia de Daniel y su hermana Sofía, una dimensión erudita y sutil del relato propiamente dicho. De todo el crepitar de anécdotas e imágenes que acompañan la novela, la más emocionante para mí es ese pulular de libreros de lance, recogiendo y vendiendo volúmenes polvorientos y deshilachados entre las basuras y charcos de esa barriada que se parece tanto a las de Lima. Da la impresión del fin de fiesta de esa cultura del libro que da sus últimas boqueadas y que desaparecerá pronto, sustituida por tabletas y ordenadores. En cierto modo, el anticuario es como el último superviviente de ese mundo en proceso de extinción conformado por las bibliotecas, las librerías, los manuscritos y la literatura, un solitario melancólico que desfoga su frustración con una ficción apocalíptica.

Hay algo delicado y bello en las imágenes de esos papeles que se van deshaciendo en las manos de esos anticuarios de pacotilla, seguramente sin clientes ya, tratando desesperadamente de prolongar una cultura medio muerta, en los extramuros de una ciudad que ignora su existencia (…)

El anticuario es una novela ambiciosa y difícil, que exige lectores cultos e inteligentes, y quienes creen que la literatura está hecha sólo para pasar un rato divertido difícilmente superarán la prueba que es su lectura. Pero los lectores que lean trabajando a la par con el creador, fantaseando junto a él, y sean capaces de disfrutar las sutilezas y secretos escondidos en un texto tan rico y profundo como el de esta novela, no la olvidarán.

(...)