Gustavo Faverón Patriau

PUBLICAN ANTOLOGÍA DE NARRATIVA SOBRE VIOLENCIA POLÍTICA Por Ernesto Carlín, El Peruano

Toda la sangre. Historias de la época del horrorLibro busca mostrar diferentes posturas sobre temaMaterial estaba disperso en revistas y tirajes cortos En el 2005 la editorial Matalamanga pidió al crítico Gustavo Faverón su colaboración para reunir una selección de cuentos y relatos breves sobre la época de la violencia política. Varios meses después se anuncia para el 19 de este mes el lanzamiento de Toda la sangre, el producto de este esfuerzo. Conversamos con el antologador sobre esta experiencia.

¿Cómo nace el proyecto?

-Yo tenía la intención de investigar las diversas posturas de los escritores peruanos frente al hecho en sí de la violencia. Pensaba convertir esa investigación en un ensayo. Ezio Neyra, responsable de Matalamanga, por su lado, notó la falta de antologías abarcadoras sobre el tema Hay una, de Mark Cox, pero es muy parcial y reduce su universo a la literatura provinciana de izquierda. Cuando Ezio me propuso la antología, fue como matar dos pájaros de un tiro: hice la selección de los diecinueve textos recogidos, con la que, creo, cubrimos un vacío bibliográfico importante, y de paso la investigación me permitió reunir el material para mi ensayo, que va como prólogo del libro.

¿Con qué sorpresa se encontró al hacer esta recopilación?

- Yo sabía que el tema de la violencia política no era nuevo en nuestra literatura. Me parecía miope decir que las novelas de Cueto y Roncagliolo eran el signo de que los escritores peruanos por fin se estaban abriendo al tema. Eso era falso. Muchos han estado obsesionados con el asunto desde hace décadas. Aun así, fue una sorpresa descubrir la magnitud de esa preocupación. Hay decenas de novelas y varios centenares de cuentos acerca de la violencia política.

¿No encontró textos de miembros de las fuerzas armadas?

-Una de las intenciones de la antología es mostrar las diversas reacciones de la literatura peruana ante el hecho de la violencia política. Por este motivo se ha omitido material que tenga sólo un valor testimonial y carezca de importancia estética. Entre lo descartado hay textos de ex miembros de las Fuerzas Armadas. El menos inocente de esos autores, por desgracia, no ha escrito relatos sino novelas largas. Es un ex infante de Marina llamado Víctor Tasaico, autor de Sierra Caimán. Tiene el gran mérito de la proximidad, y el de humanizar a los actores de uno y otro bando.

¿Fue difícil tratar con textos como el de Pérez Huarancca, autor de supuesta filiación senderista?

-El gran problema ético sobreviene cuando el crítico censura en vez de leer y permitir que los demás lean. A uno se le puede hacer un nudo en la garganta al comprobar la enorme belleza y el patetismo de los relatos de Pérez Huarancca y luego recordar que, con toda probabilidad, fue quien dirigió la horrorosa masacre de Lucanamarca. Pero si somos capaces de leer sus cuentos, y si ellos nos permiten entender eso que en el fondo todos nos hemos preguntado alguna vez (¿qué cosa lleva a la gente a la violencia extrema?), entonces la lectura habrá sido una experiencia valiosa. Tenemos el deber de escuchar e intentar entender. Los textos más difundidos de ese tema son los de escritores capitalinos.

¿Hay mucha diferencia en cuanto a calidad y perspectiva con los de otras partes del Perú?

- Las diferencias de perspectiva son enormes, pero dudo que estén definidas esencialmente por la divisoria entre la capital y las provincias. El asunto definitorio, creo yo, tiene que ver más con la cercanía o lejanía con respecto a un proyecto de izquierda.

¿En su pesquisa encontró algún sector de la literatura peruana contemporánea que haya permanecido indiferente al tema?

- No, eso no ha ocurrido. Puede hablarse de narradores con nombre y apellido que no han tocado el tema (aunque son muy pocos). Pero no veo con qué criterio se los podría agrupar en un “sector”. Además, no escribir sobre un asunto no es lo mismo que permanecer indiferente.